UNA SANGRE

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     Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Entonces Jehovah Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente” (Génesis 1:27; 2:7).

 

     El hombre fue formado por Dios. Job describe cómo: “Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y después, cambiando, me destruyes? Acuérdate, por favor, de que tú me formaste como al barro, y que me harás volver al polvo. ¿Acaso no me derramaste como a la leche, y me cuajaste como al queso? De piel y de carne me vestiste, y me entretejiste con huesos y tendones. Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu. He aquí que yo estoy, como tú, ante Dios; yo también fui formado de barro” (Job 10:8-12; 33:6).

 

     En el sexto día, Dios había hecho producir de la tierra a toda clase de animales, pero cuando formó al hombre, lo formó único. De la carne y de los huesos de este hombre, Dios formó a la mujer y partiendo de ellos, la tierra fue poblada: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos” (Hechos 17:26).

 

     De ese primer hombre, surgieron todos los seres humanos, pero la maldad hizo que nos viéramos los unos a los otros como diferentes, dando lugar al racismo. ¿Por qué Dios hizo un hombre y no muchos? ¿Por qué no hizo un hombre de cada raza? Todos tenemos el mismo origen, porque todos somos creación de Dios.

 

     El racismo es una forma de discriminación de las personas recurriendo a motivos raciales, tono de piel u otras características físicas de las personas, de tal modo que unas se consideran superiores a otras. El racismo tiene como fin intencional o como resultado, la disminución o anulación de los derechos humanos de las personas discriminadas” (Wikipedia, La Enciclopedia Libre, artículo “Racismo”).

 

     El 21 de marzo es el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. En una fecha como ésta, es importante que reflexionemos que Dios ama a todos los seres humanos, porque el sacrificio de Jesús fue a favor de todo el mundo, sin discriminación alguna: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

 

     No importa tu color de piel, Dios te ama tal como eres. Él no nos ama más o menos por nuestra raza, así que debemos amarnos los unos a los otros. Debemos respetar los derechos de los demás.

 

     A la luz de la Palabra de Dios debemos considerar que no debe existir orgullo ni desigualdad de origen, linaje o casta entre los hombres. Cristo dio la oportunidad para ser UNO para todos los que creemos en Él: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).
 
 
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Oscar Mata,
14 sept. 2009 16:06
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