JUAN

 
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     El evangelio según Juan ocupa el cuarto lugar en el orden del Nuevo Testamento. En su contenido no indica quién es el autor.

 

     ¿Quién era Juan? De acuerdo con lo escrito en Mateo 10:3, Marcos 3:18 y Lucas 6:15, Juan fue uno de los 12 discípulos del Señor.

 

     El oficio de Juan antes de seguir al Maestro, era de pescador: “y de igual manera de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: --No temas; de aquí en adelante estarás pescando hombres” (Lucas 5:10).

 

     Se ha puesto en duda la autoría de Juan el apóstol, debido a que dentro de su evangelio, no aparecen relatos en los cuales se le mencione. Sin embargo, el autor de este evangelio relata un acontecimiento en el que se identifica: “Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en el mar de Tiberias. Se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado Dídimo, Natanael que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: --Voy a pescar. Le dijeron: --Vamos nosotros también contigo. Salieron y entraron en la barca, pero aquella noche no consiguieron nada. Al amanecer, Jesús se presentó en la playa, aunque los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús. Entonces Jesús les dijo: --Hijitos, ¿no tenéis nada de comer? Le contestaron: --No. El les dijo: --Echad la red al lado derecho de la barca, y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: --­Es el Señor! Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó el manto, pues se lo había quitado, y se tiró al mar. Pedro dio vuelta y vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba. Fue el mismo que se recostó sobre su pecho en la cena y le dijo: "Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?" Así que al verlo, Pedro le dijo a Jesús: --Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: --Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué tiene esto que ver contigo? Tú, sígueme. Así que el dicho se difundió entre los hermanos de que aquel discípulo no habría de morir. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: "Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué tiene que ver eso contigo?" Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las escribió. Y sabemos que su testimonio es verdadero” (Juan 21:1-7, 20-24).

 

     Si analizamos el relato anterior, notamos que el hecho lo presenciaron siete personas: Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) y otros dos discípulos que no son nombrados. Analicemos a cada uno de ellos:

 

1.       Natanael: No es el autor porque una de las siete personas, el discípulo amado, se recostó sobre el pecho del Señor en la última cena, de la cual Natanael no participó.

2.       Pedro: No es el autor, porque según el escritor, él vio al discípulo amado.

3.       Jacobo: Murió poco tiempo después de la muerte del Señor. (Hechos 12:1-2).

4.       Tomás y los otros dos discípulos: Si recordamos la pesca milagrosa que ocurrió al principio del ministerio de Cristo, sólo tres fueron testigos: Jacobo, Juan y Pedro, según vimos en Lucas 5:10, por lo que solamente uno de ellos pudo haber recordado ese acontecimiento como para identificar al Maestro.

 

     El único que nos queda de los siete es Juan, el escritor del evangelio que lleva su nombre.

 

     Juan tuvo el privilegio de compartir con el Señor en algunos pasajes de su vida que otros discípulos no vivieron. Veamos:

 

1.       Juntamente con Pedro y Jacobo presenció el milagro de la pesca milagrosa (Lucas 5:1-10).

2.       Juntamente con Pedro y Jacobo presenció la resurrección de la hija de un príncipe de la Sinagoga (Marcos 5:37-47).

3.       Juntamente con Pedro, Jacobo y Andrés, recibió la profecía de acontecimientos futuros y de señales de la segunda venida del Señor (Marcos 13:3-4).

4.       Juntamente con Pedro aparejó la última pascua (Lucas 22:8).

5.       Se recostó en el pecho del Señor en la última cena (Juan 13:23).

6.       Juntamente con Pedro y Jacobo estuvo con el Señor en los últimos instantes antes de su aprehensión (Marcos 14:33).

 

     Pero hubo tres incidentes no loables en Juan que es necesario anotar:

 

1.       Entonces respondiendo Juan dijo: --Maestro, vimos a cierto hombre echando fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: --No se lo prohibáis. Porque el que no es contra vosotros, por vosotros es” (Lucas 9:49-50). Juan actuó de manera egoísta al no pensar en aquellos que habían sido beneficiados por la expulsión de demonios. Cuando usted vea a alguien que hace el bien o que realiza actos a favor del prójimo, no lo critique por sus creencias ni lo desmotive, sino que con amor y respeto apoye sus buenas obras y muéstrele lo que usted entiende de las Sagradas Escrituras.

2.       Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle. Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem. Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea” (Lucas 9:52-56 RV1909). Juntamente con su hermano Jacobo, Juan no tuvo compasión de los samaritanos por no recibir a Jesús, al punto de querer aniquilarlos. Cuando alguien no reciba el mensaje de salvación en Jesús que nosotros presentamos, de ninguna manera debemos tomar actitudes de rencor, aun así nos insulten, sino que debemos orar por aquel que rechaza el evangelio para que Dios toque su corazón.

3.       Tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: --Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad. Volvió y los halló durmiendo, y le dijo a Pedro: --Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una sola hora? Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo: --¿Todavía estáis durmiendo y descansando? Basta ya. La hora ha venido. He aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.” (Marcos 14:33, 34, 37, 40, 41). No obstante de haber tenido el privilegio de ser escogidos para estar en los últimos momentos del Señor previo a su aprehensión, Juan, Jacobo y Pedro no pudieron velar con el Señor a pesar de que se los había pedido. Hoy nosotros no tenemos ese privilegio, pero sí tenemos la bendición de ser parte del cuerpo de Cristo que es su Iglesia. Cuando uno de los nuestros esté angustiado o en dificultades, no nos durmamos en el desinterés sino que apoyémoslos en sus tribulaciones.

 

     ¿Qué privilegios ha recibido usted del Señor? De seguro que así como Juan, usted ha vivido experiencias maravillosas que otros no hemos vivido. Pero no se considere solamente como un afortunado, porque todo privilegio trae consigo la responsabilidad de vivir conforme a lo que Dios manda. Juan se recostó en el pecho del Señor en la última cena, pero eso no lo hizo ser superior, sino que como todos debió trabajar arduamente para la propagación del evangelio.

 

No busquemos privilegios sino que trabajemos para llevar el evangelio a otros y hacer el bien a los demás, porque después de todo, todos los creyentes en Cristo Jesús somos privilegiados con la salvación de nuestras almas.

 

 

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Oscar Mata,
15 dic. 2008 16:34
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