¿EXISTE DIOS?

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     ¿Quién es Dios? Todos podríamos discutir acerca de Dios durante toda la vida y moriríamos sin llegar nunca a una conclusión, porque podríamos creer de forma diferente. Al escuchar la palabra “dios”, algunos pueden retener la imagen de su infancia, de un anciano con barba blanca sentado en un trono, quien desde el cielo lanza rayos sobre los desobedientes. Para un niño, Dios es quizá alguien más grande y más fuerte que su padre. Quizá sea una imagen aceptable para un niño, pero que un adulto piense en Dios en términos tan corporales y simples es claramente limitado.

 

     Nuestra propia tesis de Dios puede basarse en creencias y enfoques de gente que consideramos religiosa. Podemos tener una impresión negativa de Dios basada en la hipocresía que vivimos en casa o en la escuela o podemos tener sentimientos cálidos basados en el amor de nuestra familia, amigos o maestros. Nuestros sentimientos sobre Dios han sido afectados también por los libros que hemos leído, las clases que hemos seguido, la música que hemos oído y miles de otras influencias. Cualquier definición de Dios, en consecuencia, estará limitada por la subjetividad de la comprensión humana y por los límites del conocimiento humano. Después de todo, no tenemos otro modelo más que nosotros mismos, con el cual medir. Así que, usándonos a nosotros mismos, tratamos definir a Dios. ¿Estamos realmente en la capacidad de poder definirlo? Después de todo, ¿estamos buscando definir a un Dios creado a imagen del hombre o a un hombre creado a imagen de Dios?

 

     Dios no puede analizarse en un laboratorio ni estudiarse bajo un microscopio. Dios trasciende las leyes naturales y por ello no puede emplearse el método científico para comprobar su existencia. Dios no puede ser totalmente conocido por el hombre, pues la prueba directa de su existencia está más allá de la capacidad del ser humano; sin embargo, es posible aplicar un método indirecto: Consideremos aquello que podemos observar, el mundo que nos rodea, y examinemos su contenido, sus habitantes, sus leyes naturales y su historia. Todo esto permite admitir la existencia de un  Ser  Superior a quien  llamamos “Dios”.

 

     Desde el punto de vista del método científico, la investigación del origen de las cosas no ha concluido y solamente se cuenta con hipótesis y teorías sin ser comprobadas, por lo que no puede afirmarse que la “Teoría de la Evolución” es verdadera. De la misma forma, la investigación según la ciencia, respecto a la existencia de Dios no ha concluido y por lo tanto, la negación de su existencia se basa solamente conjeturas e hipótesis, pero no evidencias.

 

     El universo es sumamente grande, complejo y con un cuidadoso diseño, el cual aunque los evolucionistas pretendan explicar como resultado de millones de años de acontecimientos al azar, al ver tanta perfección es innegable que Dios existe. Si Dios fuese un ser o un ente material, estaría limitado, ya que lo material siempre tendrá limitaciones. La energía de Dios es ciertamente ilimitada e ininterrumpida. Algunos “hombres de ciencia” niegan a Dios porque Él no es comprobable, pero sí admite respuestas absurdas para el origen de las cosas. No es nada inteligente razonar que los seres vivientes fueron originados por cosas no vivientes. Tampoco que seres pensantes se originaron de seres no pensantes. No tiene nada de ciencia llegar a la conclusión de que una combinación puramente accidental, pudo haber producido seres con diseños maravillosos.

 

     Toda la materia física debió originarse en algo que ya existía, pero Dios es ilimitado. Él no tiene propiedades físicas. Trasciende las leyes de la naturaleza, por cuanto Él precedió y creó la naturaleza. Por consiguiente, trasciende las leyes naturales de la creación. Él originó el tiempo y en consecuencia, existía antes del comienzo del tiempo. De manera que Dios no tiene principio ni fin. Siempre ha existido y siempre existirá. No necesitó de un creador.

 

     Es conocido que todo lo que se origina debe derivarse de otra cosa. No se conoce nada que haya surgido de la nada absoluta. En verdad, la materia puede convertirse en energía y viceversa, mas nadie ha visto jamás que la materia o la energía surjan por sí solas. Entonces, ¿cuándo surgió nuestro planeta, nuestro sistema solar o todo el universo? Existen muchas teorías, pero todas son solamente conjeturas, pues ha sido totalmente imposible probar su verdadero origen desde el plano científico. La mayoría de los cosmólogos piensan que el universo comenzó hace miles de millones de años atrás por la explosión de un único punto súper denso que contenía toda la materia, a lo cual se le conoce como “Big Bang”. Si es cierto, entonces ¿de dónde surgió esa materia primigenia? Esto nos vuelve a dejar la misma incógnita: ¿Qué fue lo que produjo la materia y energía iniciales? Los científicos nos enseñan que nada surge de la nada, pero no han podido dar respuestas convincentes acerca del origen de la materia.

 

     Independientemente de las conclusiones actuales o futuras de la ciencia, Dios lo creó todo. Él es Omnipotente y su existencia no depende de ciencia humana ni de ley natural. Como hombres, no sabemos exactamente cómo Dios dio origen al universo, pero sí podemos tener por certero que todo proviene de ese Ser Superior.

 

     Resulta entonces que tenemos dos opiniones distintas sobre el origen del universo: 1) Podemos creer que toda la materia surgió espontáneamente sin un creador, aunque no exista explicación alguna de cómo ocurrió este fenómeno; o, 2) podemos creer que Dios creó la materia original. El segundo criterio constituye una interpretación razonable sobre la forma en que se originó la materia, en tanto que el primero deja la pregunta sin responder.

 

     Nuestro universo está cuidadosamente planificado y bien pensado. La Vía Láctea contiene 100 billones de estrellas. Hay 100 millones de galaxias en el espacio conocido. Se estima que hay unos 10 octillones de estrellas. ¿Cómo llegaron a estar allí? Imposible que sea por casualidad. El  átomo es un universo pequeño, un sistema solar en miniatura. Tomará 150 billones de  átomos puestos de lado a lado para medir una pulgada. ¿Cómo pueden muchos negar que esto es obra de un Ser Omnisciente?

 

     Además, es importante considerar que cada criatura, cada cosa, cada elemento tiene un funcionamiento tan perfecto que resulta difícil concebir que esa perfección es producto de la casualidad. El milagro de la vida es algo que los científicos no pueden explicar en forma indubitable, ni por qué son tan perfectos los procesos que permiten que la vida continúe día tras día. ¿Quién le enseñó al espermatozoide que debe buscar al óvulo? ¿Por qué el óvulo y el espermatozoide aportan cada uno veintitrés cromosomas para que se forme un ser humano? Las células no saben qué hacer, pero actúan porque han sido programadas para asegurar la continuidad de la vida.

 

     Los científicos continúan buscando respuestas en el universo, cuando las respuestas están en ellos mismos: La perfección de sus ojos, de su sistema reproductivo o el simple hecho de por qué respiran. Ante tantas pruebas es innegable que existe un Ser Superior que programó todo lo que hay, porque es Omnisciente y Omnipotente.

 

     Si ocultamos la vista de dichas pruebas, con toda certeza, no veremos a Dios, pero para todo aquel que se interese por observarlas, está preservado el conocimiento del Todopoderoso. Esto no es religión, ¡es realidad!

 
 
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Oscar Mata,
15 dic. 2008 15:47
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