ANA LA PROFETISA

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     También estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su matrimonio; y había quedado como viuda hasta ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones de noche y de día. En la misma hora acudió al templo y daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:36-38).

 

     En el mismo día en el que Jesús fue presentado al templo, estaba la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella había vivido 7 años con su esposo desde su matrimonio. Si consideramos que en ese tiempo, las mujeres en Israel solían casarse aproximadamente a los 14 años de edad, entonces pudo haber enviudado a los 21 años. Si le agregamos los 84 años de viudez, entonces Ana probablemente tenía alrededor de 105 años de edad.

 

     Ana dedicó el tiempo de su viudez al servicio de Dios con constante oración y ayuno. Ella tuvo la dicha de ver al Mesías y por ello habló a los que estaban presentes acerca del cumplimiento de la redención prometida por el Eterno.

 

     Ana resulta ser un ejemplo para la juventud que desperdicia su vida en cosas vanas, pues ella dedicó su juventud y toda su vida al servicio de Dios. La juventud debe ser puesta al servicio de Dios: “Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu: mas la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, cómo ha de agradar á su marido” (1ª a los Corintios 7:34 RV1909).

 

     Jóvenes, adultos y viejos debemos esforzarnos para hacer las cosas que Dios manda y no dejarnos llevar por la vanidad de nuestros sentidos.

 

     Al leer lo que está escrito acerca de Ana, recuerdo las palabras de mi madre: “El que es buen viejo, fue buen joven”. Si tú tienes la dicha de ser joven, sirve a Dios y obedece sus mandamientos, porque así tu camino estará limpio y disfrutarás de una buena vejez: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9).

 

     Pero si ya eres viejo y has desperdiciado tu vida, nunca es tarde para corregir el rumbo, porque estamos en el tiempo de encontrar a Dios: “¡Buscad a Jehovah mientras puede ser hallado! ¡Llamadle en tanto que está cercano! Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos. Vuélvase a Jehovah, quien tendrá de él misericordia; y a nuestro Dios, quien será amplio en perdonar” (Isaías 55:6-7).
 
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Oscar Mata,
14 sept. 2009 16:44
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